Llevo unos meses que empiezo a escribir algo y lo dejo a la mitad. Creo que es porque no había nada que me entusiasmara, todo ésto agravado porque más que una temporada de llegadas es una temporada de despedidas. ¡Menos de 10 días para que acabe Lost! El enterarme de que La leyenda del Buscador está en el alero tampoco me ha animado demasiado.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido llegó la revelación del año. Hay que decir que no me la vendieron demasiado bien: "si te gustó 300...", "bueno, verás, no me gustó 300". Pero a pesar de empezar con la nariz arrugada poco a poco se me quitó la arruga. De hecho el piloto de Spartacus no hace justicia a lo que vendrá después. Parece que la serie irá de peleas al ralentí y salpicones de sangre digital, pero poco a poco las cosas van cambiando, los personajes se van desarrollando, la trama se va liando con conspiraciones y llega un momento en que devoras los capítulos como si fueran pipas.
Creo sinceramente que ésta serie es lo más bestia que se ha hecho en televisión. El que no soporte el gore va a pasarlo mal en muchos momentos porque no se escatima en usar el rojo, solo diré que la trama del Inframundo te deja la cabeza del revés. Al que no le guste ver gente en bolas y dándolo todo follando que se abstenga también. Pero los demás disfrutarán cada segundo y llegaran a un aptoteósico capítulo final que pone un broche de oro a esta primera temporada.

Si una serie es tan buena como sus malos, Spartacus recupera la figura de las "zorras" donde lo dejó Roma y crea con Lucrecia e Ilithya una pareja memorable. Pero por su puesto la serie no sería la misma sin Batiatus con el que John Hannah destapa el tarro de las esencias y se aleja brutalmente (nunca mejor dicho) de la imagen de tontorrón que daba en las Momias de Sommer.

El único contra que se ha encontrado la serie ha sido la enfermedad de Andy Whitfield, esperemos que se recuperé pronto y la segunda eleve el listón (si ésto es posible). Mientras tanto habrá que conformarse con la precuela que han anunciado para saciar nuestras ansias de sangre y arena.


