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17 noviembre 2006

Te cuento la Navidad si adivinas quién soy

Cuento de Navidad o Los Goonies de Peñíscola, vuelve a caer en todos los horrores de la serie de Películas para no dormir. Están empeñados en hacer cosas de 70 minutos (para sacar pasta en el videoclub) y en lugar de algo resultón de 30 minutos logran esperpentos con gigantismo.


En la de Paco Plaza tenemos media hora de mamoneo. Un rito voodo que cambia la historia, la historia que acaba y entonces quedan 10 minutos en los que lo bueno se queda en off. Lo primero que llama la atención es el esfuerzo en hacer guiños a los que crecimos en los 80 con unos niños freaks multirefenciales poco creíbles. Pero lo peor es que están tan preocupados de guiñar que se pasan media película con los ojos cerrados.


Lo mejor de la película son los cortos fragmentos de una película de zombies protagonizada por Elsa Pataki y Loquillo (como lo oyen). Estos trozo están repartidos para provocar sorpresa con el tema de un rito vodoo que se usa para crear zombies. Lo que pasa es que los niños lo emplean y luego tiene consecuencias que nos narran en otro fragmento de la película. El problema es que los niños han visto la película y saben lo que puede ocurrir con lo cual es un truco barriobajero para meter un final sorpresa.


La película de Enrique Urbizu es un rocambolesco batiburrillo en el que cabe de todo. Entonces cuando llega el final la única forma de hacer que todo cuadre es que se lo ha imaginado uno de los personajes. Típico truco de garrafón cuando la cosa se te ha ido de las manos.


Hay un par de escenas meritorias pero aquí Urbizu está muy lejos de Todo por la pasta o La caja 507. Por supuesto cae en los vicios de siempre, tras media hora más o menos aún no se sabe de que va la película. Tras un asesinato intentan tomarte el pelo haciéndote pensar una cosa y reforzándolo con engaños, pero claro cuando se descubre el pastel te das cuenta (y ellos) de que nada encaja. ¿Solución? Pues como dije antes fue un sueño. Hay que tenerlos cuadrados.


Mi ranking final de las Películas para no dormir sería el siguiente:

La habitación del hijo

Cuento de Navidad
Para entrar a vivir
La culpa
Adivina quién soy
Regreso a Moira


La linea que separa la primera del resto no es un error. Es increíble que este ranking, con lo fácil que lo puso Balagueró para ser el peor...

18 octubre 2006

La culpa fue de Moira

A falta de que el día 25 salgan las dos últimas Películas para no dormir voy a hacer un pequeño balance. Tenemos una película aceptable (La habitación del hijo), dos bastante malas (La culpa y Para entrar a vivir) y una espantosa (Regreso a Moira). Tengo que decir que la de Balagueró ha ganado algún punto en el ranking porque la de Moira es tan espantosa que hace que lo demás resalte.

La culpa de Narciso Ibánez Serrador y Regreso a Moria de Mateo Gil fallan por dos motivos totalmente distintos pero que acaban en casi idénticos resultados. Una da demasiado y la otra no da nada.

¡Menudo embolao con la Moira!

Mateo Gil, que ya nos dio la terrible Nadie conoce a nadie, ha sido seleccionado para esta serie por razones inexplicables. ¿Quién se leyó su guión y encendió la luz verde? Iker Jiménez está estupefacto. Es un espanto de proporciones bíblicas, pero a diferencia de otros accidentes de este tipo ni siquiera resulta divertida en su malignidad. Este ladrillo es más lento que una película francesa en pausa. El director y su coguionista se marcan un remake de Verano del 42 y crean una película para echar la siesta (fallo de concepto querido Watson). No hay sustos, ni nada, y el final es una estupidez tal que Garzón ya está investigando.

Chicho si sabe de que va esto del terror/suspense y desde el principio va dejando elementos por aquí y por allá. Pero se pasa con la sal y llega un momento que no sabes de que va la película y el argumento cambia a cada minuto. Con lo que pasa como en la de Mateo Gil, casi una hora y no se sabe por donde van los tiros para llegar a un desenlace de traca. Además hay un plano de algo sobrenatural que no pega ni con cola con el final, pero visto el rigor de la serie tampoco es de extrañar. Eso sí, que ningún aficionado al cluedo se lea el reparto o sabrá como acaba la cosa.

Al trastero por enésima vez

En resumen: ¿Qué tiene Moira? Nada. ¿Qué tiene La culpa? Casas inquietantes, vecinos inquietantes, picaportes que se mueven solos, galletas asesinas, lesbianismo, aborto, niños en lugares raros, cosas que desaparecen, trasteros sucios, muebles que se mueven solos y dos huevos duros.

La verdad es que Paco Plaza y Enrique Urbizu lo tienen fácil para aprobar (como poco), ya veremos. Dentro de poco empiezo con Masters of Horror que tiene un esquema similar, ya veré si las comparaciones son odiosas.

20 septiembre 2006

Para entrar y reír

Hay varias universidades que están estudiando como fue posible que Jaume Balagueró consiguiera que Frágiles fuera una película decente. Uno podría pensar que eso provocó un punto de inflexión en su carrera tras la bochornosa Los sin nombre y la vergonzosa Darkness. Sin embargo, con Para entrar a vivir confirma que es más malo que la tos seca.

Tampoco cree que esto sea posible

La película comienza con una pareja que va a ver un piso con una vendedora de una agencia y se verán metidos en un jaleo. Desde el principio y hasta casi la mitad todo está razonablemente bien, a pesar de las limitaciones del director para crear terror. Aunque sólo hace películas de género lo suyo es más bien el dolby-terrrorismo, rama que consiste en hacerte brincar porque lo ordenan tus tímpanos y no por la inquietud que provoca lo que se cuenta.


En este caso el director quiere enmendarse y también busca el terror con la imagen. Pero, como la planificación y el montaje deben ser cosas desconocidas, lo que se le ocurre es que la imagen tiemble. De este modo parece que el cámara tiene parkinson y una sobredosis de speed. Con estos mimbres el único miedo que produce es que se escape la cámara y le rompa la cabeza a algún actor.

Para variar el mayor problema de todos es el guión. Que una historia de este tipo esté llena de tópicos es razonable, pero en el desarrollo de la trama suele haber dos posibilidades:

  1. Los personajes se encuentran metidos en un misterioso berenjenal que poco a poco van descifrando mientras salvan (o no) el pellejo.
  2. Los personajes no consiguen averiguar nada pero el espectador en un giro final averigua el por qué de todo lo que ha visto antes.
Pero nadie contaba con la astucia de Balagueró (ni siquiera el Chapulín Colorado) y a la mitad de la función pone al malo a contarlo todo con pelos y señales, le falta una pizarra para que vean bien los de la última fila. Por supuesto no era necesaria tal explicación. Supongo que llegados a este punto los guionistas eran conscientes de que la habían cagado bien y entonces pierden la poca dignidad que les podía quedar y tiran por la calle de en medio en una orgía de gore y estupideces sin límite. A partir de aquí habrá perros que aparecen y desaparecen, supuesta sorpresa con un personaje que era evidente desde que sale, protas que se abandonan para ser presas fáciles y cualquier cosa que se pueda uno imaginar y más.


Las protagonistas están muy bien (Macarena Gómez y Nuria González) y Adriá Collado se merece todos los golpes que le dan y alguno más. Ruth Díaz pone los ojos como platos y no los cierrra en ningún momento, parece que se ha escapado de una sesión del tratamiento Ludovico.


Alex de la Iglesia consguió algo más o menos digno mientras Balagueró se ha caído con todo el equipo. Veremos como siguen estas Películas para no dormir. De momento el denominador común es la inconsistencia del guión.

Para acabar el estado de Balagueró después de decir en casa que seguirá haciendo cine.